Un león de
luz en pleno firmamento incendia la cueva.
Con el sol en el nombre y las notas en los dedos.
Ya son tuyas las islas y todas las estrellas,
con su verdad y todos sus secretos.
Me enseñaste que tocar
la darbuka es hablar con Dios,
y yo te escuche subir al cielo.
Tu llevas el amor en los ojos, porque "el
amor es lo primero".
Son tus latidos tambor que cura, las arterías un enredo.
Una fotografía de tu alma un bello misterio.
Extrañas visiones.
Te veo allá soplando el didgeridoo a lo
lejos, en un gran hoyo negro.
A mi me deslumbra tu presencia, me ensordecen tus silencios.
Tu aprendiste andando solo, con la percusión en el espíritu
y la música en los sueños.
Estas allí... tras el lente parado sobre el tiempo.
Suena fuerte tu vida,
tus manos suenan fuerte, en todo el universo.
Wendy Mendoza, Berlin 2003