Me tuve que dividir
para llegar a ser uno.

Gritaba en silencio
pero de nada servía,
habitaba un lugar
enfermo de sordera.

Todo lo impuesto
me agredía,
yo contestaba agrediendo.

Cuando el eco fue tan fuerte
como para escuchar mi réplica
silenciosa y extraña
me fui, lejos, sin miedo.

Me lance a lo abstracto
y perdí las costumbres,
doctrinas y mi credo.

                           Mi historia, Juanma Leiva